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De mentirosos y drogadictos y asesinos está llena mi familia, he llegado a correr muchas horas y más horas sin detenerme casi nunca. Todo para tratar de olvidarme de eso. Me dicen que si hablo, o terminan de matarnos a todos, o peor aun, me dicen que si hablo, no pasa nada. Cuando era chica, trataron de enseñarme a mentir pero siempre me reía después de hacerlo, siguieron enseñándome a robar, siempre puse lo mejor de mí, pero las manos me temblaban tanto, yo les pedí que insistieran, yo quería ser la mejor ladrona, les dije, y después se aburrieron porque yo no robaba plata ni me robaba anillos de oro, sino de plástico. También me robaba obleas, queso, zapatos de barbie y más encima me pillaron varias veces. Sólo una caja de fósforos Los Andes se transformó en mi gran trofeo. Cuando me di cuenta de que uno de mis tíos asesinaba mujeres y solo mujeres, cuando todos supieron y les dio lo mismo mientras que él, con esas mismas mujeres a veces me imagino, siguiera haciendo el mejor asado, las mejores costillitas, ahí no quise comer más carne, de repente lo sentía cerca y me temblaba el cuerpo, imaginaba que mis orejas se agrandaban, que mi nariz se alargaba mucho y de elefante me las anduve dando por el patio de la casa, pensaron que no habría problema con eso, me vendieron a un traficante coleccionista de animales exóticos y un día después de hacer un intenso trabajo mental, me desperté y ya no era elefante, sino polilla. Aproveché para arrancarme y bailar con una ampolleta amarilla (es increíble que después de una pelea, después de una pena, después de ver tele, una pueda escribir en rimas). En el metro todos, todos (no sé si todos, en realidad, pero sonaba como si fueran millones) aplaudieron cuando en las noticias salió que iban a poner una pantalla más por vagón. Me meto en los oídos de mis familiares, los molesto un poco, pero los tiempos no están para eso, de repente dice mi abuela que mira el matamoscas de oro que nunca ha usado. Y mi corazón, que solo es un durazno puesto al sol, ahora es un huesillo. Qué bueno que a mi tío no le gustan mucho los postres.

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