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Pretendo hacer de esto una grúa tan poderosa,

una playa infinita, la más nítida cordillera y una exagerada canasta familiar.

aunque sea a escala y adentro de una bola de vidrio,

hagamos que todo valga la pena.

You and I could see each other
You and I could love each other
But we don’t have time for the little things.
No, we don’t have time for the little things, because
Life is full of important things.
Life is full of necessary things.
Life is full of big machines. (Silver apples)


ay mi lola, lolita, lola, qué poco queda ya 

para contar las olas del otro lado del mar (C. Rosenvinge)


Y por donde empezar a buscar un hoyo negro que haga de puerta,

por donde si está todo blanco, blanco.

Los fríos que podrían ser como mantas gigantes que nos taparan, son fríos no más sin el puente.

Dos años, mil años, una época de la que nos vamos a acordar cuando tengamos tiempo al fin para las cosas pequeñas.

Tu corazón chico, mi corazón chico, tu colección de ideas y nuestro atraso,

cómo

nos vamos

a encontrar.

Mi dolor de cabeza, el tábano en la ventana, mi rodilla rota, mi miedo a las cucarachas.

mi polilla en el oído, mi resaca, mis zapatos altos, la canción que aunque me parece bonita, me avergüenza cantar.

Atento, bicho, la ventana está abierta.

A thousand islands in the sea,

it’s a shame.

(New Order, ‘Leave me alone’)

Stic fix, un vaso de agua y una olita de mar,

para pegar los pedacitos, despertarse y volver a empezar.

El título primero me llegó como asunto de un mail, hace varios años. Después, hace poco, me topé con la película en el I sat. Lo de este año no se parece a ninguno de los dos relatos, pero podría llamarse de la misma forma, sin que este haya sido REALMENTE un año sin amor, pero sí con el amor fragmentado, con desastres de todo tipo y todos los días, problemas, decisiones, dolores, confusiones y demasiado tiempo para pensar.

No quiero omitir todos los frutos de estos días, como es el caso de vuelvelacancionprotesta y los discos de Optica y ondas , junto con varios otros proyectos e ideas, además la bicicleta, que se metió en mi vida y me llevó arriba a todas partes.

Como una temporada, más que en el infierno, en el centro de la tierra, donde los desastres naturales nacen y producen una radiación tan fuerte que hacen que todo se desarme.

Tengo, finalmente, ganas de ir al mar, de recoger las piezas y de armar un juego de cartas para empezar algo grande.

Este año tuvo más canciones que ningún otro, traté de resumir y quedó este super montón:

2010 Vol 1

1. Amigo piedra / El mató a un policía motorizado

2. Verano fatal/ Prietto viaja al cosmos con Mariano

3. Nortinas war/ Protistas

4. Insoportable/ Aterciopelados

5. Obstáculo/ Anita Tijoux

6. Vaca que cambia de querencia/ Juana Molina

7. Jesus, etc./ Wilco

8. F.a.r.r.a./ Subverso

9. Campfire kansas/ The get up kids

10. The sea is a good place to think about the future/ Los campesinos!

11. Medanos/ Prietto

12. Silver soul/ Beach house

13. Let me see the colts/ Bill Calahan

14. Anacronismo/ Sr. Chinarro

15. Watery hands/ Superchunk

16. Pesadilla genérica/ Nacho Vegas

17. Sunshine/ Sparklehorse

18. Little fury things/ Dinosaur Jr.

19. Lower the gas prices, Howard Johnson/ Someone still loves you, Boris Yeltsin

20. Bigger/ Backstreet boys

21. Cosmic love/ Florence and the machine

22. Viaje a china/ Optica y ondas

23. Asalto comando/ Javi Punga

24. Armar y desarmar/ Fakuta

2010 Vol. 2

1. Smothered in hugs/ Guided by voices

2. Absolutely cuckoo/ The magnetic fields

3. La incertidumbre/ Pato patín

4. This modern love/ Bloc party

5. La bajada/ Gepe

6. Carrusel/ Cadenasso

7. Let me have this/ The radio dept

8. Lemonade/ Cocorosie

9. Company calls/ Death cab for cutie

10. Bone tapper/ Woods

11. Todo/ Matorral

12. De tí y contigo me desquito/ Santiago beatnik

13. Romance is boring/ Los campesinos!

14. Play with fire/ The rolling stones

15. Lo que quieras/ Denver

16. No voy a rendirme/ Mentenguerra

17. All things must pass/ George Harrison

18. Shelia/ Atlas sound

19. Ready to start/ Arcade fire

20. O new england/ The Decemberists

21. This time, this year/ Defiance, Ohio

22. Suspicious minds/ Elvis Presley

23. Prepárame la cena/ Calle 13

24. Sprawl II/ Arcade fire

PS: Esta compilación está dedicada a T.M., G.M., J.M. y P.R.

-Oye profe, ya es como tarde o no?- rió Marcela, mientras sacaba su celular de la mochila.

-Mira, la verdad es que se me ha olvidado mirar la hora en todo este rato, estaba entretenido conversando- le contestó Javier, riendo también.

Cuando vieron la hora, eran las 10:25, llevaban casi 3 horas hablando en la plaza, habiendo sido solamente interrumpidos por un hombre que les regaló flores a los dos mientras maldecía a una mujer que no lo había querido mirar a los ojos. Un un par de perros se acercaban de vez en cuando, pero al parecer buscaban cariño y nada más.

Caminaron hacia el paradero, mirándose de vez en cuando pero en silencio. Subieron a la misma micro, dentro de su conversación habían descubierto que vivían a solo 7 cuadras. Se fueron sentados.

 

La noche en la ciudad se veía bonita, estaba despejado y las luces llenaban todo. Bajo un paso sobre nivel, Javier le preguntó a Marcela por qué no había querido leer esa mañana en clases. Ella lo miró fijo y se demoró en contestar, de pronto tuvo la sensación de haber olvidado que él era su profesor y no un amigo o un ex extraño al que acababa de conocer.

-No sé, era algo fome, supongo, y además no me gusta leer en público.

 

Entraba viento por las ventanas de la micro, era imposible cerrarlas, la gente iba cansada, algunos dormían. Marcela torció su cabeza hacia atrás, apoyandose en el asiento y mirando hacia arriba, Javier la imitó y luego miró por la ventana, la ciudad le pareció diferente a la que conocía.

-Siempre viviste acá?

-acá en santiago?

-Sí, acá.

-No, viví en antofagasta cuando chica, por?

-Te gusta viajar?- preguntó Javier en voz baja.

-Sí, o sea, he viajado poco, pero en general me gusta.

-Sí, es bonito eso de moverse

-Me pasa que me subo a la micro y siento que estoy haciendo un viaje importante…

-A veces es así, son momentos importantes.

-Los viajes en micro? No sé, yo me lo invento pero no lo creo. Oiga profe, como que nos pasamos.

-En qué sentido? No deberíamos conversar tanto porque soy tu profesor?

-No. Nos pasamos, en la micro, no sé donde estamos.

Las luces de los faroles habían cambiado de color.

 

Empezamos el viaje pasadas las 3 de la tarde, mi hermana llamó para preguntar por donde íbamos, pero mis amigos recién habían llegado a buscarme.

Se les ocurrió que podíamos acampar por ahí, cuando volviéramos de Temuco, así que se habían puesto a buscar la carpa y todo lo demás.

Daniela traía comida para un picnic grande, dijo, incluyendo un pan hecho por ella y un mantel de cuadritos. Julio venía llegando del norte, el día anterior lo habían invitado a nuestro viaje y aunque no le quedaba mucha plata, no se pudo negar. Camila traía a su perro, no podían separarse por muchos días, dijo, y no nos traería problemas, ella sabía cuidarlo. A nadie le pareció una idea muy buena, pero igual al fabián lo conocemos todos y sabemos que es tranquilo.

Fernando y yo manejaríamos, por turnos de 2 horas cada uno, y la música la decidiría el que manejaba, punto.

Esto era viajar, me iba acordando de a poco: los cerros a los lados, contar los autos rojos, los blancos, fijarse en los colores que tenían las nubes dependiendo de la altura de la carretera, teorizar acerca de los significados subliminales de la señalética, reirse, cantar, planificar, darnos cuenta de cuántas cosas se nos habían quedado.

De pronto nos callamos y duró mucho rato. El fabián dormía y la cuesta era peligrosa. Paramos la música y no habló nadie por unos 7 minutos, más o menos.

Pasada la cuesta, llegábamos al fin a un camino más simple. Pudimos parar por ahí a estirar las piernas y probar el picnic, que no era tan abundante como creímos en un principio, pero no estaba mal.

Por qué nos gustaba tanto viajar, preguntó alguien. Hablamos del camino recorrido y del paisaje en el que estábamos en ese momento. Arriba, un cerro especialmente alto parecía cuidarnos o avisarnos que venían cosas grandes, montañas de premoniciones. Julio molestaba a Camila por un poema que había escrito en el colegio unos meses antes, ambos se reían.

Fernando y Daniela caminaron juntos un rato, de la mano. Yo me tomaba un té, gracias al termo que habíamos traído, y empezaba a sentir frío, frío de sur.

 

-Las rosas en primavera me recuerdan tu belleza, grande, infinita, quisiera sentirte más cerca y no perderte de vista nunca, me gustaría que tus labios carmín me visitaran diariamente, que la puerta de mi corazón fuese azotada por tu presencia, que las rosas que miro fuesen nada por estar tú parada al lado, que nuestra luz nunca se apagara. Que el sueño mío fuera el tuyo, amarte en cada uno de tus gestos.

-Eh, gracias, Luis. Y bueno, opiniones?- Javier preguntó al grupo de adolescentes que tenía al frente. Ejercía como profesor de castellano desde hacía un mes y, de pronto, había querido probar con una sesión de creación literaria, para ver qué pasaba.

-Yo lo encuentro super bonito, el Luis escribe super bien y sabe muchas palabras, además- opinaba Paula, con piernas y manos cruzadas.

Se escuchó un ‘uuuh’ y luego risas.

-Alguna otra opinión?- dijo Javier casi gritando.

No pasó nada.

A él le parecía que el poema de Luis era todo menos original, por otra parte no le creía esa postura romántica, se excedía en lo cursi, le parecía un texto muy poco honesto, pero no podía dejar de llamarle la atención lo de la luz que nunca se apagaba. Por la canción de los Smiths, por su posible carácter religioso, por la esperanza que dejaba esa frase si se expresaba como algo más que un supuesto.

-Ya, pasemos al siguiente, eeh, Marcela, puedes leernos lo que escribiste?

-Profe es que no escribí casi nada.- se excusó Marcela rascándose el codo.

-Bueno, entonces léenos lo que tengas, aunque sea el título, aunque tengas una frase, un poema puede ser un par de palabras, ya hablamos de eso.

-Es que no es nada, profe.

-No quieres leer entonces.

-No, es que no escribí casi nada- terminaba Marcela, mirándolo a los ojos.

A Javier por sobre todo le molestaban esos momentos, le entristecía no poder romper el día con un par de frases que cambiaran un poco el momento, no poder hacer coincidir lo que se decía en su clase con el estado de ánimo de alguien, con el clima.

-Bueno, Camila?

-Eh, ya.- respondió Camila riéndose por los nervios

-Te escuchamos.

-El río tenía una voz, el río se reía y lloraba cuan, cuaaando le caían piedras encima. No me, no veía que habían suspiros a su al rededor, que las flores lo miraban y que cuando hacía frío reía. Los ríos me dan frío porque no hay día en que no viva, no vivo en el río porque la triiisteza tocaría todos los días la puerta del… de la mentira de la vida.

Alguien se rió despacio durante y al terminar la lectura.

-Gracias Camila.

Javier caminó hacia el patio pocos segundos después de que sonara la campana de recreo, como si fuera un estudiante más. Le asustaba el tiempo largo que vendría si es que decidía quedarse trabajando en el colegio.

Cruzó el pasto a pasos largos y rápidos, escuchó gritos, risas, se dirigió al baño de los alumnos que estaba más cerca que el de profesores, y estaba apurado por entrar.

‘Aullan como lobos los del kinder cuando se pegan en las rodillas, pero se paran y siguen corriendo. Los de tercero básico de repente lloran, pero se esconden para hacerlo. Los de octavo sienten vergüenza, y los de cuarto medio’ se podía leer en la pared frente al urinario. Javier se preguntó por qué sus alumnos no escribían esas cosas en clases, o por qué no las leían. Quién había escrito eso?

Después de subirse el cierre miró a ver quién más estaba en el baño, quería comentar su hallazgo, pero no había nadie, cosa rara para un recreo recién empezando. Alargó su operación de lavado de manos pero no sirvió de nada, no entró al baño más que un par de niños de unos 10 años que llegaron corriendo y se cohibieron al verlo.

Al terminar la jornada escolar, Javier salía con su bolso a cuestas y con hambre. Estaba cansado y particularmente confundido. En el paradero se sentó junto a dos señoras que comentaban sobre el estado de salud de sus respectivas familias, el panorama era catastrófico.

En la esquina vio que un par de alumnos que eran pareja discutían. Ella lloraba y al parecer lo hacía con rabia, él la apuntaba con el índice constantemente, gritándole y bajando la voz cada cierto rato, volviendo a gritar después. Ella dio media vuelta pero él la retuvo agarrándola del brazo, a ella se le cayó el bolsito del almuerzo.

De pronto Javier quiso hacer algo y se paró, sin pensar en nada específico. Caminó mirando para los lados, con las manos en los bolsillos y se acercó a la pareja. El abrazó a ella (ella era marcela) tapando su cara y articuló un ‘chao profe, que esté bien’.

Javier sólo pudo levantar las cejas y seguir caminando, sin atreverse a más, sin saber tampoco qué podía hacer. Caminó lento y escuchó que él le decía a ella que era muy puta, pero que la iba a perdonar, ella lloraba y le decía que no, que no quería que él la perdonara, que prefería irse y que él la odiara, que le daba lo mismo, que la dejara irse, pero él no la dejaba irse.

Javier esperó una cuadra más allá, sentado, no quería alejarse por si algo llegaba a pasar.

‘Los de octavo sienten vergüenza y los de cuarto medio…’ se dijo, sacando su celular para ver la hora.

Frente al lugar donde se había sentado, estaba la plaza, verde por el invierno y las diez lluvias que ya habían pasado. Marcela había escrito algo y no lo había leído, él había visto a su pololo gritarle y no había hecho nada, recordó otra vez el poema del baño y lo completó: y los de cuarto medio, como los profesores, estamos todos cagados, ahogados en el miedo, no nos alcanza para atrevernos ni siquiera a terminar el poema que escribimos en el baño.

Sentado en la banca anotaba el poema completo en su cuaderno, hacía variaciones, finales diferentes. Alternaba, hacía que las frases rimaran, que se unieran y se repelieran: el mismo poema se transformaba en un acróstico y en un caligrama.

Al llenar cinco páginas con estos ensayos, miró recién al frente. Estaba la pileta y, más allá, Marcela, sola, que se secaba las lágrimas sentada en una banca, mientras se comía una manzana verde. Javier guardó el cuaderno y se paró, decidido a parecerse, por un rato, a los de kinder, que se pegaban en las rodillas, aullaban y en seguida ya les daba lo mismo, seguían jugando.

y terminan por ser sólo pedacitos de nuestros dolores, que si se mezclan con el agua y el azúcar casi no se sienten, casi que pierden el sabor, casi que se olvidan.

y terminan por ser sólo pedacitos y nosotros métale stic fix.

habría que dejar al viento hacer lo suyo

y al fuego y a los niños y a los perros y a los años,

y al frío y a los amigos y a la radio y al sueño,

y al pasto que crezca, que ya está bueno.